Cuentos de humor negro by Bloch Robert

Cuentos de humor negro by Bloch Robert

Author:Bloch, Robert [Bloch, Robert]
Format: epub
Tags: General Interest
Published: 2010-01-04T14:19:51+00:00


Mayor era el silencio tres horas más tarde, cuando llegó mi visitante. La luz del sol empezaba a amortiguarse pero a pesar de ello pude ver claramente su rostro. Se parecía más a Buzzie Waters que el propio Buzzie.

–Joe Traskin -dije, levantándome-, supongo que te acordarás de mí. Soy Willis Millaney.

Me dedicó una mueca burlona.

–El jefe de Buzzie -dijo.

–Lo era. Por lo menos, hasta esta tarde.

–¿Qué ha sucedido…?

No le dejé terminar la frase; lo tomé por el brazo y lo acompañé hasta detrás del sofá. Quedóse contemplando a Buzzie Waters.

–Un accidente -dije.

Después le conté lo que había ocurrido. No necesité mucho tiempo, pues sabía exactamente lo que debía decir. Lo sabía todo a la perfección, excepto lo que más me interesaba averiguar. Cómo lo tomaría él.

–Claro, claro, ya comprendo -dijo Joe Traskin-. Pero, ¿por qué contarme todo esto a mí? ¿No sería mejor que avisara a la policía?

Le miré con fijeza y denegué lentamente con la cabeza.

–No lo creo, Joe.

–Pero…

–Hubiese podido llamar a la policía hace tres horas, cuando ocurrió todo esto. Pero ¿y después qué? Habría contado mi historia y ellos me habrían encerrado. Oh, ya sé que con un poco de suerte habría escapado con un cargo de homicidio involuntario. Digamos un par de años y libertad por buena conducta. Al salir de la cárcel, podría encontrar otro empleo. No precisamente lo que hago ahora, pero sí algo similar; por ejemplo, encargado de los retretes en algún hotel de los suburbios.

–Lo siento, pero no veo qué tengo que ver yo con sus apuros.

–Oye, Joe -le puse la mano en el hombro-. ¿Todavía no ves la cuestión, verdad? No estoy hablando de mis apuros. Desde luego, confieso que fue lo primero que se me ocurrió cuando descubrí lo que había sucedido. Pero esto no tiene importancia. Pensar en lo que había ocurrido no me servía de nada. Apenas me di cuenta de que Buzzie Waters había muerto, dejé de lamentarme y volví a pensar como un vicepresidente ejecutivo. ¿Sabes cómo piensa un vicepresidente ejecutivo, Joe?

–¿Es que piensan?

Lo soltó así, como hubiese hecho Buzzie, y ello me ayudó. Oprimí su hombro.

–Sí, Joe, piensan. Esta es su misión. Esta es mi misión. Pensar y preocuparme. No por mí, sino por mi gente. Por toda mi gente y por todos mis números de espectáculos. Por ejemplo, en Buzzin Around tengo empleadas a setenta y cinco personas. Y en ellas estoy pensando ahora. Matar a Buzzie Waters es una cosa, bastante mala de por sí. Pero asesinar a estas personas cortándoles sus medios de vida es otra cosa muy importante. He llegado a una conclusión, Joe. No puedo hacerlo.

–Pero, ¿por qué…?

–Atiende, Joe. Hay una salida muy airosa. Una solución evidente. La estoy viendo ante mis ojos.

–¿De qué me estás hablando?

–De ti, Joe. A partir de este momento, tú eres Buzzie Waters.

–Oiga…

–No me interrumpas, Joe. Deja que hable yo. Lo he pensado todo. Vamos a ver, siéntate.

Me dirigió una mirada llena de curiosidad, pero se sentó. Y entonces supe que lo tenía a mi merced y empecé a emplearme a fondo.



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